Cuando el hambre es ansiedad: cómo combatir la “alimentación emocional”

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Los antojos y la tentación por comida poco saludable no solo surgen por una cuestión fisiológica, sino también por una sensación mental. Los tips de una especialista a Infobae para evitar ser víctima del apetito emocional

Muchas veces por el apremio del tiempo y el exceso de tareas en la agenda laboral o estudiantil, el momento para alimentarse queda al margen de la actividad diaria. Y llegar más tarde desesperado a la hora de comer no es recomendable. Allí se producen los atracones y el cuerpo tiende a consumir en forma compulsiva. Pero en ocasiones, el hambre no es consecuencia de alteraciones en los horarios, ya que además de ser una sensación fisiológica, también es mental. La ansiedad entra en juego en situaciones de estrés, tristeza o aburrimiento, en las que se puede caer en la tentación de llevarse algo a la boca, aunque solo hayan pasado un par de horas desde la última comida.

En cualquiera de estos casos de alimentación emocional, los médicos recomiendan las colaciones saludables entre las comidas. No sólo para disminuir el hambre, sino para acelerar el metabolismo y no permanecer tantas horas sin ingerir alimentos. Calmar el apetito es el primer paso para provocar los beneficios que el cuerpo necesita. Pensar en la comida como el combustible energético del cuerpo es darle prioridad a la calidad antes que a la cantidad.

“El secreto no solo está en la comida, si no en el esfuerzo, la voluntad, la constancia y en la interpretación de lo que significa realmente la comida en la vida de cada uno”, comentó Romina Stoppani, directora de Nutrición Simple, quien señaló a Infobae una serie de consejos a seguir cuando se presenta la ansiedad alimentaria.

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